En ATEM la salud mental es objeto de atención clínica desde la primera infancia como prevención y atención temprana de posibles alteraciones que dificulten el desarrollo del menor y su bienestar en la edad adulta.

Terapia infantil con menores de 17 años con cualquier tipo de patología que pudiese alterar el adecuado desarrollo psicoevolutivo y de adaptación en las áreas de la vida del menor: personal, social, escolar y familiar.

 

Problemas de la infancia

  • Trastornos del sueño
  • Trastornos alimentarios
  • Trastornos afectivos
  • Ansiedad
  • Depresión
  • Estrés
  • Tics
  • Alteraciones psicosomáticas
  • Problemas atencionales
  • Problemas de aprendizaje (lectura, cálculo, expresión escrita, etc)
  • Problemas relacionales
  • Problemas comportamentales
  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad
  • Problemas de personalidad
  • Trastornos generalizados del desarrollo
  • Discapacidad intelectual
  • Trastornos de la eliminación (enuresis, encopresis)
  • Trastornos de la comunicación y de las habilidades motoras

 

Cómo trabajamos:

Fase I:   Apertura del expediente (historia clínica)

Valoración psiquiátrica: El tratamiento con niños y adolescentes precisa de una formación especializada y orientada a la resolución de problemas. La primera consulta se realiza con el fin de establecer contacto con los padres y el menor, quienes nos explicaran en nombre de él cuál es el problema que están observando en casa y en el colegio. Es importante que el menor venga a esta primera cita para que se sienta parte del sistema y podamos hacerle ver que todos los que estamos reunidos nos vamos a implicar activamente para solventar los problemas y la importancia de su participación como protagonista del proceso.

Fase II: Evaluación del menor

Entrevistas de evaluación: en las primeras sesiones de evaluación será importante obtener información del menor a través de pruebas estandarizadas y proyectivas (dibujos), así como de la observación de su actitud y comportamiento. Además toda la información que puedan aportar los padres sobre el desarrollo evolutivo, historial académico y médico serán fundamentales a la hora de establecer conclusiones y establecer objetivos terapéuticos.

 

Fase III: Entrevista de  devolución

 

Fase IV: Tratamiento (en función de las necesidades)

  • Tratamiento con psicólogo infantil
  • Tratamiento farmacológico
  • Tratamiento con psicopedagogo
  • Terapia infantil

Una vez determinemos la necesidad de la terapia se trabajará alternativamente con el menor a solas y con el sistema familiar completo o, en su caso, el subsistema afectado. Las terapias con los niños no suelen ser de larga duración, de hecho el objetivo primordial es que la visita al psicólogo no altere su cotidianeidad, a pesar de que es prioritario respetar los tiempos que el niño necesita, nos concentramos en resolver los problemas que a los padres les hicieron venir y realizar un seguimiento posterior más dilatado en el tiempo con el fin de que se consoliden los cambios logrados durante la terapia.

 

Fase V: Seguimiento (sesiones mensuales y trimestrales)

 

Psicoterapia infantil

 

  • Los niños no piden ir al psicólogo, son los padres, profesores o pediatras los que detectan síntomas a través de su comportamiento y estado de ánimo.
  • Los padres necesitan respuestas y pautas concretas para corregir o actuar en una misma dirección.
  • Los niños normalmente no expresan abiertamente sus emociones y les resulta difícil tener un discurso organizado y coherente, por lo que los padres se convierten en los mejores conocedores de sus hijos y sus problemas, serán nuestros mejores informadores.
  • El vocabulario de los niños aun está por desarrollar y las palabras no suelen ser su mejor arma, sin embargo son especialistas en el juego y la creatividad, éstas serán las  mejores herramientas para trabajar con ellos.
  • Los niños confían en sus cuidadores con el tiempo, la dedicación y el vínculo de afecto que se establezca con ellos, con ellos no tenemos prisa, nos adaptamos a sus necesidades. El terapeuta marca el ritmo de las tareas, pero los cambios los asimila  cada uno en su momento.
  • Los niños también tienen cambios de humor, sus estados de ánimo varían en función de los factores ambientales y la percepción que tienen de su entorno más inmediato. En algunos casos presentan síntomas depresivos y ansiosos que son objeto de atención clínica.
  • En la terapia el niño encuentra un lugar propio, personal, donde nadie le juzga y se pueden hacer juegos creativos en un ambiente distendido que le permite expresar preocupaciones, miedos, frustraciones, deseos y problemas que se encuentra cada semana en su vida. El terapeuta infantil se convierte en el doctor de las emociones.
  • El profesor del colegio puede ser una referencia muy importante en la vida del niño, el colegio es su medio social y vincular y adquiere tanta importancia como el sistema familiar en determinadas edades. Siempre que sea posible y necesario debemos contar con la información y, en su caso, apoyo del tutor escolar.

 

Tratamientos y profesionales.

 

En ATEM valoramos y atendemos la necesidad de incluir en el proceso terapéutico del menor intervenciones de carácter más especializado en aquellos casos que lo requiera:

-Terapia familiar

Los niños forman parte de un sistema familiar con sus propias dinámicas y circunstancias, será parte de la terapia introducir al sistema completo y trabajar todos juntos en la búsqueda de soluciones prácticas que mitiguen el problema. El sistema inmediato del niño es nuestro mejor co-terapeuta, padres y hermanos deben adquirir un papel activo en la solución.

-Tratamiento Psicofarmacológico

-Intervención psicopedagógica

-Tratamiento psicomotriz

-Estimulación temprana

-Musicoterapia

-Logopedia

 

El adolescente en consulta

La adolescencia es la etapa más difícil del crecimiento humano, tanto para el actor como para los espectadores, especialmente padres y profesores. Es frecuente que el adolescente vivencie la visita al psicólogo como una amenaza, como un ataque más de unos padres que no le entienden y que están empeñados en fastidiarle. La llegada del adolescente a la terapia en pocos casos es fácil, normalmente requiere de una gran habilidad por parte del terapeuta para generar en muy poco tiempo un vínculo lo suficientemente fuerte como para transmitir al paciente un apoyo sincero y un aliado dentro de la terapia.

 

En cierto modo el terapeuta debe aliarse con el adolescente, entender sus motivos, emociones, tendencias, preocupaciones, compartir sus gustos, amistades, curiosidades

y secretos, al margen de los padres durante un tiempo, tanto como el adolescente necesite. El terapeuta debe encontrar la manera para que el adolescente quiera ir a su lado y enseñarle caminos alternativos a los que conoce. Si la ira suele ser su mayor dolencia, la confianza en los amigos su mayor virtud, los terapeutas no pretendemos ser su amigo, pero sí su leal guarda secretos.

 

Cuando el vínculo está definido será fuerte e intenso y a partir de ahí la terapia podrá

desarrollarse con total tranquilidad. Los adolescentes son extraordinariamente flexibles y cambiantes y están sedientos de experiencias nuevas, encontrarse bien con un adulto que le hace reflexionar, puede ser muy interesante para ellos y productivo para nosotros.

 

Si hay algo que define la relación terapeuta-paciente con los adolescentes es la confidencialidad, la garantía de preservar sus “secretos” hasta que se sienta preparado para compartirlos y normalizarlos, por ese motivo las sesiones suelen ser a solas, sin más miembros del sistema, sin embargo, al resto de la familia nos gusta invitarles para resolver conflictos y aprender a negociar acuerdos entre todos.